sábado, 6 de julio de 2013

vida y obra de Edgar Allan Poe


El poeta en su laberinto

Autor que llevó el cuento a una de sus expresiones más acabadas, Poe tuvo una intensa relación con el alcohol que lo llevó a enfrentar episodios que lo transformaron en el protagonista de la más intensa de sus ficciones: su propia vida.

Genio torturado, símbolo del romanticismo, hacedor de historias de perversión, locura y crimen, Edgar Allan Poe supo darle forma a una obra de tintes tan dramáticos e intensos como los que tuvo su propia vida. Envuelto en una capa negra que casi nunca se quitó, y con ojos enigmáticos que le permitieron ver más allá de la realidad cada vez que se sumergía en alucinaciones etílicas o de opio, su persona puede confundirse con el cuervo que lo hizo famoso o con el gato negro que torturó casi tanto como a sí mismo.

El alcohol, desde su temprana juventud cuando ingresó a la Universidad de Virginia y se sumergió en una vida de vicios, apuestas y libertinaje adolescente, fue una presencia constante que marcó el ritmo de sus altibajos continuos, una especie de ruleta rusa en la que apostó sus días una y otra vez y que lo llevó de breves períodos de tranquilidad y cierto reconocimiento a extensas temporadas en el infierno, la pobreza y la desesperación.



Julio Cortazar escribió sobre éste tema en la biografía que incluyó a modo de prologo en la traducción completa que realizó de sus cuentos: “Desde el principio el alcohol provocó en Poe un efecto misterioso y terrible, del que no hay una explicación satisfactoria como no sea la de su hipersensibilidad, sus taras hereditarias, esa maraña de nervios al descubierto. Le bastaba beber un vaso de ron (y lo bebía de un trago, sin paladearlo) para intoxicarse. Está probado que un solo vaso lo hacía entrar en ese estado de hiperlucidez mental que convierte a su víctima en un conversador brillante, en un genio momentáneo. El segundo trago lo hundía en la borrachera más absoluta, y el despertar era lento, torturante, y Poe se arrastraba días y días hasta recobrar la normalidad. Sin duda, esto era mucho menos grave a los diecisiete años; pasados los treinta, en los días de Baltimore y Nueva York, configuró su imagen más desgraciadamente popular”.

El yin y el yan de una sensibilidad extrema

En una de sus citas más famosa Poe escribió: “La ciencia no nos ha enseñado aún si la locura es o no lo más sublime de la inteligencia”. Y este mismo interrogante que planteó en palabras lo puso en juego con su existencia. Según registros de sus días, y descripciones de amigos y detractores, era una persona brillante, atractiva, sensible y extremadamente lucida. Sin embargo, dentro suyo también latían fuerzas opuestas. De la misma manera que en textos como El corazón delator, El Gato Negro, El entierro prematuro y Berenice personajes conscientes de sí mismos narran con racionalidad objetiva situaciones de locura y descontrol, Poe estuvo inmerso en un ying yang de razón e inconciencia, de control y caos, de sobriedad y embriaguez.

El personaje de El Gato Negro se reconoce borracho y entre tantas otras menciones sobre el tema, a medida que describe la manera en la que descuartiza y tortura a su mascota, dice: “Una noche en que volvía a casa completamente embriagado, después de una de mis correrías por la ciudad, me pareció que el gato evitaba mi presencia” o “una vez más me hundí en los excesos y muy pronto ahogué en vino los recuerdos de lo sucedido”. En esta última frase Poe parece estar hablando sobre sí mismo, sobre cada una de las veces en las que, frente a episodios de dolor, frustración o adversidades, sin saber qué hacer se ahogó en mares de alcoholes que lo único que lograron fue profundizar sus penas.

Episodios de una vida torturada

Los momentos en que Poe pierde la razón y su vida parece formar parte de sus cuentos son muchos y casi todos están relacionados con el amor. En 1832, por ejemplo, se enamora de Mary Devereaux con quien tendrá una relación de un año. Todo se termina cuando, ofendido por las intromisiones continuas del tío de Mary, compra una fusta y va a buscar al tío para darle latigazos. El resto de los parientes, sorprendidos, lo golpean y desgarran sus ropas y Poe atraviesa la ciudad hasta la casa de Mary en donde arma un escándalo. Según Cortazar en la biografía antes mencionada “es la primera vez que Poe perderá el control de sí mismo y se exhibirá sin ropas para mostrar su inadaptación a las leyes humanas”

Al año siguiente se desarrolla uno de los hechos más enigmáticos de su existencia. Con 25 años se pone de novio con su prima Virginia Clemm, una niña de 13 años con problemas físicos y de desarrollo mental. Se casan en secreto con el consentimiento de su tía y, años más tarde, en 1836, se vuelve a casar pero de manera pública, rodeados de familiares y conocidos. El vínculo le hará bien a Poe, le dará cierta seguridad sentimental, pero en 1842, mientras tomaba el té con amigos y Virginia tocaba el arpa, de repente su voz se cortó y la sangre empezó a salir de su boca. De esta manera la tuberculosis de Virginia se reveló de golpe lo cual significó la peor tragedia, sobre todo después de que la enfermedad se llevase a su amada en 1847. Poe empezó a beber cada vez más atravesando infiernos durante días. En una carta a un amigo escribe: “Seis años atrás la mujer que amé enfermó con recurrentes sangramientos pulmonares; al final del año se repitieron estos episodios. Me volví loco de dolor, con largos intervalos de horrible sanidad. Durante los episodios de absoluta inconsciencia bebí... Dios sabe cuán a menudo o cuánto”. Y en la misma epístola arriesga un cambio de perspectiva sobre su problema con el alcohol: “Mis enemigos atribuyeron la locura a la bebida en vez de atribuir la bebida a la locura”.

Crónica de una muerte anunciada

Con altibajos cada vez más constantes, extraviado en pesadillas y sin poder superar la muerte de Virginia, Poe pasa los últimos meses de su vida en tabernas, recitándole sus textos a los borrachos, envuelto en pesadillas, arruinando las últimas oportunidades que le presentaba la vida. Será ésta imagen la que lo sobreviva y la que opaque su otro costado, aquel que lo presenta como a un ser racional, sensible y creativo que escribió decenas de cuentos de la mejor calidad, cientos de criticas literarias lucidas y combativas y poemas cuya sonoridad y perfección léxica pocas veces pudo ser superada. Además, se lo considera como el inventor del relato detectivesco, gurú del terror y el cuento gótico e incluso precursor de la ciencia ficción a la manera de Julio Verne o H.G.Wells. Él mismo reconoció esta disyuntiva en una carta que le dedicó a sus críticos: “dos días de embriaguez pública me vuelven mucho más notorio que un mes de trabajo continuo”.

El 3 de octubre Poe es encontrado en las calles de Baltimore, inconsciente, “muy angustiado y necesitado de ayuda”. Lo llevan al Washington College Hospital donde no puede explicar cómo llegó a esa situación ni porqué lleva ropas que no son las suyas. Si bien se habló de suicidio, asesinato, cólera, rabia y sífilis, una de las versiones más aceptadas dice que fue llevado a votar en reiteradas ocasiones por agentes electorales sin escrúpulos que lo emborracharon para que votase varias veces por el mismo candidato (una práctica que era bastante común en la época).

El final le llegó el 7 de octubre a las cinco de la mañana. En su lecho de muerte, antes de expirar, dicen que dijo: “¡Qué Dios ayude a mi pobre alma!”.

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