Poetas visionarios, cuerpos
desnudos en llamas, viajeros incansables, escritores que traducen en
palabras los secretos de la conciencia, almas libres, protagonistas de sus
propias historias, mentes lucidas y alucinadas, los Beats se atrevieron a gritar
por una nueva sensibilidad en un mundo en el que todavía se utilizaba el
electroshock para combatir la homosexualidad y la locura. Con textos directos
golpearon los convencionalismos sociales y desnudaron el American way of life para poner de manifiesto la exclusión que ese
estilo de vida generaba en aquellos que deseaban vivir de otra manera.Precursores del hipismo, de la experimentación con las drogas, del interés occidental por el budismo zen y las culturas orientales, del sexo libre, de la aceptación del multiculturalismo e influencia directa del mayo francés, de los movimientos por los derechos sociales y de la oposición a la guerra de Vietnam, este grupo de artistas vitales supo mostrarle a los jóvenes que podían ser dueños de sus voces y cuerpos para actuar con libertad y elevar sus espíritus hasta cimas inenarrables. Y esto años antes de que el rock irrumpiera con sus movimientos pélvicos, sus flequillos y guitarras, antes de que el pop absorbiera todos los espacios y de que el punk escupiera en nombre del inconformismo.
ARQUEOLOGÍA DE UNA PALABRA.
El término beat surgió una
noche de 1948 cuando Jack Kerouac le dijo a su amigo poeta John Clellon Holmes:
“Sabes, la nuestra no es más que una generación vencida (beat)”. Años más
tarde, en 1952, Holmes publicó un artículo en el New York Times titulado “This
is the beat generation” y a partir de ahí los medios de comunicación empezaron
a utilizar el concepto para identificar a un grupo de personas que empezaban a
tener cada vez más relevancia pública.
Rodeada de equívocos, la
palabra generó confusiones y frente a la evidencia de que comenzaba a ser
vinculada a la delincuencia y a la violencia, en un artículo de 1957 titulado
“Sobre la generación beat” Kerouac explicó: “Se trata de una visión que tuvimos
en torno a la generación de los locos, iluminados hipsters que de pronto se
erguían y deambulaban por toda América, serios, curiosos, vagando y haciendo
dedo en todos lados, harapientos, beatíficos, hermosos en un sentido nuevo y
grácil. Nunca significó delincuentes juveniles, sino héroes subterráneos que
finalmente se apartaban de la maquinaria de la “libertad” occidental y tomaban
drogas, entendían el bop, tenían visiones introspectivas, experimentaban el
desarreglo de los sentidos, hablando de manera extraña, siendo pobres y
felices”.
Más allá del significado
generacional, y de que la visión de Kerouac haya sido algo más que un sueño, lo
beat se utilizó para denominar a un grupo de escritores cuyos tres máximos
exponentes, con sólo tres libros, generaron un sismo que haría tambalear las bases
del puritanismo prosaico y moral de su época.
EL SANTO DE LA PROSA MODERNA.
Jack Kerouac nació el 12 de
marzo de 1922 y murió el 22 de octubre de 1969 por un derrame interno provocado
por la cirrosis. En el medio, una vida que se transformaría en leyenda y una
escritura que irrumpiría con la fuerza de un cross a la mandíbula. El propio
Henry Miller, en el prólogo a Los Subterráneos,
escribió: “Es posible que nuestra prosa no se recobre jamás de lo que le ha
hecho Jack Kerouac”.
En 1950 recibió una carta de
23 mil palabras en tono confesional de Neal Cassady (el anfetamínico Dean
Moriarty de En el Camino) que le
marcaría el rumbo literario que andaba buscando. “La carta de Joan”, como se
conoció más tarde, fue considerada por Kerouac como una pieza maestra de la
prosa moderna y lo impulsó a escribir textos en los que las inhibiciones
literarias, gramaticales y sintácticas no estuvieran presentes. Fue éste el inicio
de su “prosa espontánea” con la que narraría su vida a un ritmo intenso que,
por ejemplo, lo llevó a escribir En el
camino en sólo tres semanas utilizando un único rollo de papel “para no
detener la inspiración”. Como señala en “Los principios fundamentales de la
prosa espontánea”: “Sopla y escribe tan profundo como quieras, pesca tan hondo
como quieras, satisfaciéndote a ti mismo primero, para que luego el lector
pueda recibir telepáticamente el estímulo y la emoción significante mediante
las reglas que operan en su propia mente”.EL POETA COMBATIVO.
En octubre de 1950, a los 29
años, Allen Ginsberg organizó una lectura de poesía en la Galery Six. Será la
noche del 7 cuando leerá Howl
(Aullido), un poema en el que hacía tiempo que trabajaba pero que no tenía
pensado publicar. Durante la lectura cantó, gimió y hasta estuvo a punto de
llorar lo cual provocó una fuerte reacción en el público que le permitió
comprender que liberando su personalidad podía llegar a conmover. Más allá de
la performance, el poema trascendería la situación transformándose en uno de
los textos más importantes del siglo XX. Tanto desde el estilo libre y directo
(“primer pensamiento mejor pensamiento”) como desde la elección temática de los
desclasados y marginales (“He visto los mejores cerebros de mi generación
destruidos por la locura, famélicos, histéricos, desnudos”) el poema mostraría
un nuevo mundo con un nuevo lenguaje y tendría que atravesar un juicio por
obscenidad para ser publicado.
Ginsberg rechazó todas las
ideas sobre rima y métrica porque lo que le interesaba era la expresión.
Consideraba que el ingrediente esencial en toda poesía era la sinceridad y que
la experiencia de cualquiera podía ser un poema. Con sus ideas y sus obras
colaboró para que todo el mundo pudiera disfrutar de la poesía no sólo leyéndola
sino también escribiéndola.
Después de la lectura de Howl, irrumpiría como figura pública y
estaría presente en cuanta manifestación social se realizara. Homosexual
asumido desde joven, rechazaría toda discriminación con obras poéticas
brillantes y acciones incansables que lo llevarían a ser considerado por el FBI
como enemigo de la seguridad interna norteamericana. Cuando le preguntaban
sobre su creencia política, simplemente contestaba: “Desafío absoluto”.
EL FILOSOFO DESNUDO.
William Burroughs fue un
filósofo/artista cuyo campo de acción excedió el marco de la generación beat. Tanto
Kerouac como Ginsberg lo consideraban un hermano mayor por su edad y por la
vasta experiencia y el conocimiento que tenía al momento de conocerlos. En su
vida aparece una infancia en el seno de una familia acomodada, el
descubrimiento temprano de la homosexualidad y el amor por las armas, una
fuerte y autodestructiva adicción a la heroína que lo sumiría durante años en
una vida de infierno y problemas con la ley, viajes a Perú en busca de
experiencias con el ayahuasca, trabajos como exterminador de cucarachas, el
asesinato accidental de su esposa por un tiro que le pegó en la cabeza cuando
intentaba apuntarle a una manzana, el autoexilio en Tánger en donde vivirá en un
estado de pesadilla adictiva que lo impulsará a escribir casi sin darse cuenta El almuerzo desnudo, su obra
emblemática.
A pesar de consumir durante
años, se manifestaba en contra de las drogas por considerarlas el modelo de
todo mecanismo de control por parte del Estado, una manera de generar adicción
y dependencia. Creía que el adicto era el sujeto social ideal y que la droga
era el producto perfecto, la mercancía final, ya que “el comerciante de droga
no le vende su producto al consumidor sino que vende el consumidor a su
producto”. Una de sus ideas más importantes es la de haber definido al lenguaje
como a “un virus del espacio exterior”.
En sus libros intentó atravesar la película de
la realidad para ingresar en la sala de proyección o alcanzar “un instante
helado en que todos ven lo que hay en la punta de los tenedores”. Como el mismo
dijo: “No pretendo imponer relato, argumento, continuidad… En la medida en que
consigo un registro directo de ciertas áreas del proceso psíquico, quizás
desempeñe una función concreta… no pretendo entretener”.
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