domingo, 17 de marzo de 2013

Agua Natural vs Agua Embotellada


Hoy en día resulta natural comprar una botella de agua. Con sus promesas de salud y pureza representa la alternativa a los peligros y la inseguridad que genera la contaminación del medio ambiente. Sin embargo, esto no fue siempre así y en realidad se trata de un fenómeno impulsado por una industria que desde sus orígenes experimentó un crecimiento sostenido a escala planetaria.



Como señala la experta en comercio internacional y desarrollo sostenible estadounidense Annie Leonard en el video “La Historia del Agua Embotellada” (ver al final de la nota), todo comenzó en la década del 70 cuando las compañías de refrescos se vieron en una encrucijada al notar que el crecimiento en la venta de sus productos comenzaba a estancarse. Fue así que a gigantes como Nestlé, Coca-Cola y Pepsi se les ocurrió empezar a comercializar agua embotellada. La iniciativa no fue fácil, sobre todo porque a la población le resultaba extraño pagar por un recurso natural al que se podía acceder con sólo abrir la canilla. Entonces, como remarcan en este video que forma parte del proyecto “La Historia de las Cosas” (The Story of the Stuff), las compañías apelaron a lo que mejor saben hacer: la manufacturación de demandas.



Según explican, primero hicieron que la gente se sienta insegura si no compraba el producto y, para esto, empezaron a asustarlos con el consumo de agua corriente. Por último, crearon un aura de bienestar alrededor de las botellas de agua con campañas publicitarias en las que los cuerpos jóvenes y los paisajes de montañas, lagos y fauna fueron los protagonistas que dieron lugar a la sensación de pureza que terminó por instalarse. Cuarenta años más tarde, lo que empezó como una novedad se transformó en una necesidad que muy pocos discuten a pesar de que, entre otras cosas, un litro de agua embotellada cuesta entre mil y mil quinientas veces más que un litro de agua de los servicios públicos.

Agua de la canilla embotellada

Uno de los aspectos que más contribuye a las ventas de agua embotellada es la sensación de que es más rica y sobre todo más saludable que la de la canilla. Si bien es cierto que en algunos casos puede ser más sabrosa y que en provincias como el Chaco o Misiones el acceso al agua potable es mucho más difícil, en el marco de la Ciudad de Buenos Aires esta supuesta inseguridad es más una idea que una realidad. 

Consultados por Perfil, desde AySA aseguran brindar un buen servicio de agua potable en el área que abarca Capital y 17 partidos del primer cordón del conurbano: “El agua se extrae del Río de la Plata y es sometida a procesos de potabilización con estrictos controles de calidad durante todo su recorrido. Se trata de los controles en línea, los de laboratorio de planta, los de laboratorio central y finalmente los de la Red de Distribución. De esta manera, convertimos el agua cruda, que es como se encuentra en su estado natural, en agua potable. Además, existe el Ente Regulador de Agua y Saneamiento (ERAS) que se encarga de fiscalizar la calidad del servicio y que cuenta con una Defensoría cuya misión es representar los intereses y los derechos del usuario en cuestiones que pudieran afectarlo”.

Para Juan Carlos Villalonga, vocero de Greenpeace Argentina, la situación es clara: “La idea de que el agua embotellada es mejor que el agua de red es un mito. Lo que se viene haciendo desde hace años es devaluar el agua de la canilla para después vender la embotellada. Hoy el agua de la canilla es exactamente la misma que la embotellada pero si las cosas siguen así en 15 años ya no va a ser tan buena”. 

Por su parte, Ricardo Natalichio, director de www.ecoportal.net, una página dedicada a la difusión de información sobre el medio ambiente con más de 350 mil usuarios, señala: “El negocio del agua embotellada va en detrimento de las redes públicas. En cierto segmento son competidores y las embotelladoras generan con su aparato publicitario dudas con respecto a la potabilidad del agua de red. En este sentido, es bueno aclarar que en muchos casos el agua embotellada es tomada de la red pública, es decir que se trata de la misma que sale de la canilla”.

Tony Clarke, un investigador canadiense que es citado en el informe de Redes Amigos de la Tierra, asegura que una cuarta parte del agua embotellada que se vende hoy en el planeta es tomada directamente de los grifos y luego procesada. “Las fabricas de refrescos en general toman agua del mismo sistema al que accede el público, sea municipal u otro, y en muchos casos le agregan un paquete de minerales y al resultado lo llaman agua mineral”, explica. 

Asimismo, según la UNESCO, más de la mitad del líquido que se vende en botella en el planeta es purificado y no mineral y para la Organización Mundial de la Salud (OMS) no hay pruebas convincentes que sustenten los efectos beneficiosos de las aguas minerales. 

Por su parte, en las cartillas educativas publicadas en la Web del InstitutoNacional del Agua (INA), señalan: “Diversos estudios han indicado que muchos consumidores están siendo estafados debido a los gastos del agua embotellada y en algunos casos probablemente terminen bebiendo agua más sucia que la que pueden obtener de grifo”.

Es importante tener en cuenta que, según un informe publicado por la Dirección Nacional de Alimentos, mientras el agua mineral natural es la que se obtiene de un yacimiento (manantial) o de un estrato acuífero (napa) mediante surgencia natural o perforación, el agua mineralizada artificialmente es la que se elabora con agua de red urbana a la que se adicionan minerales de uso permitido. 

Entonces, sólo hace falta ponerse un par de anteojos con aumento y leer las etiquetas de las empresas más importantes de agua para ver la frase “agua mineralizada artificialmente” en más de una marca que ocupa los primeros lugares dentro del imaginario de pureza y bienestar embotellado.

El plástico, muy lejos de lo natural.

Mientras a través de cientos de propagandas las empresas prometen salud y un acercamiento a espacios naturales, durante la producción, la distribución, el consumo y la disposición de las botellas de agua se pone en funcionamiento una maquinaria que contamina el medio ambiente de manera constante. 

Para extraer el agua y fabricar las botellas se utilizan grandes cantidades de petróleo. Por ejemplo, en Estados Unidos se usan al año 17 millones de barriles de crudo con estos fines, una cantidad que podría abastecer a más de cien mil autos. A su vez, se generan 2 millones 500 mil toneladas de dióxido de carbono, una sustancia que contribuye particularmente al calentamiento de la tierra. Y todo esto sólo en el país del Norte.

El punto más controversial, sin embargo, es lo que pasa con los envases de plástico una vez vacíos. A nivel mundial, de todas las botellas consumidas el 80% termina como desecho y sólo el 20% es reciclado. Esto hace que, según cálculos de la Earth Policy Institute (EPI), alrededor de 1500 botellas de agua terminen en la basura por segundo. ¿Y a dónde van a parar? Al océano, debajo de la tierra o a basurales en los que estarán entre 400 y 1000 años degradándose y contaminando el ecosistema. 

Como señala Natalichio: “La mayor parte del agua embotellada utiliza envases de Pet (tereftalato de polietileno), que en el mejor de los casos termina en los rellenos sanitarios. El Pet necesita de cientos de años para degradarse, pero en su producción utiliza energía, mucha agua y además genera contaminación en el transporte”.

Un caso que empieza a llamar la atención del mundo es el de la denominada “Mancha del Pacifico” que, descubierta por el oceanógrafo norteamericano Charles Moore en 1997, comprende dos grandes islas de desperdicios ubicadas en la zona oceánica ubicada entre Estados Unidos, Canadá y Japón. Esta inmensa masa contiene alrededor de 100 millones de toneladas de desperdicios y está compuesta en un 80% por plásticos. Para hacerse una idea de la inmensidad de esta mancha se calcula que sería más grande que el estado de Texas y que, incluso, triplicaría el tamaño de España. Los biólogos marinos y los estudiosos del océano afirman que hoy en día limpiarla no es una opción ya que, mientras dure nuestra dependencia al plástico, la mancha se irá haciendo cada vez más grande.



Las botellas de agua no sólo perjudican al medio ambiente. Si se lee con atención una vez más las etiquetas de los envases que venden en la vía pública se notará que todas, sin excepción, exhiben la siguiente inscripción: “Consérvese en un lugar fresco y libre de olores, alejado de la luz solar”. Inclusive, en la etiqueta de una de las marcas líderes, se podrá leer: “Conservar el envase cerrado y en un lugar fresco cada vez que se utilice y, una vez abierto, consumir el producto dentro de los 5 días”. ¿Pero por qué será que debemos cuidar tanto un producto que parece ser tan sano? Porque expuestas al calor o a olores intensos las botellas de plástico pueden generar un desarrollo anormal de microbios y químicos que, entre otras cosas, producen cáncer de seno u otras variantes. Si se tuvo la fortuna de guardar el agua en la heladera y no se expuso ni al calor ni a olores, de todas formas las botellas ya entraron en contacto con temperaturas altas tanto en los depósitos de almacenamiento como durante el traslado en camiones.

El oro azul

El 28 de julio pasado, la Asamblea General de las Naciones Unidas aprobó el Derecho Humano al Agua y Saneamiento. Esto significa que las naciones del mundo deben garantizar a sus ciudadanos el acceso a las cantidades básicas de agua para subsistir. Si bien se trata de un gran paso en lo teórico, en la práctica la realidad muestra que, a futuro, será muy difícil hacer cumplir este derecho. 

Peter Gleich, coordinador del informe World´s Water 2004-2005 y uno de los mayores expertos en la materia, señala: “Temo que la disponibilidad de agua envasada como alternativa al agua limpia y segura municipal frene las presiones internacionales para proporcionar agua segura a todos los seres humanos. El agua embotellada no debe dejar de ser una solución temporal y nunca debe sustituir al suministro público, porque quienes más problema de acceso tienen se verán obligados a pagar precios inflados por un agua proporcionada por vendedores privados o empresas de agua envasada”.

El inconveniente se debe a que mientras gran parte de las sociedades piensa que el agua embotellada es la alternativa, no les exige a los gobiernos que se preocupen por invertir y mejorar las redes públicas. De esta manera, en muchos lugares del país más allá de la Ciudad de Buenos Aires resulta difícil acceder al agua potable. “Lo que ha estado sucediendo durante las últimas décadas es que hay una importante presión de los Organismos Internacionales como el Banco Mundial para que los servicios públicos sean privatizados. El agua está en ese camino, pero esto solamente provocará que se extienda la red de agua a los barrios que pueden pagarla y que los de menores recursos continúen con la penuria de no acceder a lo que es hoy un Derecho Humano elemental”, señala Natalichio.

Villalonga, por su parte, va más lejos y piensa que en realidad se trata de un fenómeno que ya está sucediendo: “El discurso de que en un futuro las grandes potencias van a venir a robar nuestra agua es falso. El agua ya está privatiza. Hemos regalado nuestra agua a las grandes empresas y encima la compramos todos los días en botellitas de plástico. El agua ya se la llevaron y cada vez que compramos una botellita lo estamos aceptando”.



NOTA PUBLICADA EL 30 DE OCTUBRE DEL 2010 EN EL SUPLEMENTO EL OBSERVADOR DEL DIARIO PERFIL

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